Bajo extrañas circunstancias amanecí con el cadáver de una hermosa mujer al lado derecho de mi cama. Cuatro botellas de vodka me delataban desde el piso, mi nariz sangraba, un extraño y ensordecedor eco perforaba mi cráneo.
La mujer no hablaba, no sabía quién era, tampoco al parecer me lo diría.
No tengo memoria, la remate en el infierno en el infierno, no soy nada, no soy nadie.
No me importa si mate o no a esta mujer, en cierta medida, yo ya estoy muerto.
Desnudo,
loco,
erecto.
No tengo perdón de Dios, da igual, soy yo el que no lo perdona. Por sus guerras, por su hambre, por su ego de mierda.
Si mate a esta mujer, fue por venganza, por celos, por amor o simplemente porque estaba aburrido.
Aunque cabe la posibilidad de que yo no la haya matado. De que sea alguna alucinación, producto de algún desorden mental, de alguna trampa de mis enemigos, de alguna broma del universo o de alguna pesadilla lisérgica.
No quiero levantarme, pero el olor a carne muerta acaba sacándome de la habitación, miro el rostro de la mujer desde lejos, aun tiene los ojos abiertos y me observa desde el limbo.
¿Habremos tenido sexo antes de su muerte?, era lo único que me importaba ahora.
Sé que golpean a mi puerta, pero no escucho. Es la policía, no me importa. Prendo un cigarrillo, tengo sangre en mis manos, un arma con seis balas en su interior apunta hacia mi cabeza. Yo mismo la sostengo.
Se abre la puerta, se dispara el arma. Los policías entran a la habitación.
La mujer ya no está en mi cama, me acaricia el cabello, besa mis labios. La policía no encuentra nada ni a nadie en la habitación.
La mujer toma mi mano, la miro a la cara. La reconozco…
lunes
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2 comentarios:
es como relato, me gusta por q son imagenes como de recuerdos, como llenas de imagenes.
Son realidades mentales de nuestros miembros,que bueno que te halla gustado.
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