Un vampiro que disfrutaba del sol de la mañana, me dijo que la sangre tenia diferentes aromas, uno para cada estación del año. Esta primavera huele a damascos, murmuro. Yo no huelo nada, pero veo el futuro y atravieso paredes. Aunque no soy invisible, ni tampoco me muevo a la velocidad de la luz, puedo romper ventanas y andar en bicicleta sin manos.
Soy un superhéroe a mi manera,
Soy súper, pero no héroe, no lo quiero ser, a los cangrejos no les gustan los héroes y a mí me gustan los cangrejos.
Me gusta el damasco, me dijo el vampiro,
Mordió mi cuello, sentí dolor, mucho dolor,
El olor a damasco atrajo a miles de abejas con sus flamantes chaquetas nuevas de un amarillo espectacular. Maldición, el maldito olor a sangre en primavera, damascos, que mala suerte.
Malditos damascos, maldito vampiro, maldita primavera, malditas abejas, que ahora se meten por mis venas como heroína rancia, vuelan por el interior de mi cuerpo, comen mis órganos.
Me transforman en miel,
El vampiro vomita, soy miel venenosa, las abejas me salvaron,
O me jodieron.
¿De qué me sirve ser miel?
Quiero mi cuerpo de vuelta,
Dios exijo mi cuerpo de vuelta¡¡¡¡
Te lo ordeno.
Una gran mano salió de entre las nubes, 777 trompetas de oro sonaron en el universo, el dedo índice de dios me toco y realizo el milagro.
Mierda, el muy huevon me transformo en un árbol… “Alfredo ama a Lucia” tallado con una cortapluma al costado de una de mis nuevas extremidades (ramas) fue la tortura del día.
Todo por culpa de los damascos y la sangre y las abejas y la miel y los vampiros y de Dios.
Quiero ser humano nuevamente.
Por lo menos páguenme por mi cuerpo, tengo muchas hojas, madera y nidos de pájaros
¿Será suficiente señor banquero?
¡Detengan el remate!
Soy el mejor postor y el peor impostor,
No soy un árbol, soy un ser humano.
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