jueves

Escena 2: ¿Quien es Dios?

La noche del martes habían tocado a mi puerta. Ese no había sido un buen día (le habia dicho adios para siempre a Lucrecia), afuera de mi casa millones de pequeños niños de un centímetro de altura cantaron todo el día en mi puerta villancicos ( cinco meses antes de navidad) a lo máximo que daban sus minúsculos pulmones.
Lo que realmente me molesto fue que habían arruinado una interesante conversación que tenia con aquella transparente mujer que se introdujo a mi casa por la ventana y en mis piernas divagaba sobre el destino que correrían los pobres habitantes de Plutón, que ahora que habían sido degradados a planeta pequeño y expulsados de la elite planetaria comenzaría en contra de ellos una suerte de racismo universal. Ella se imaginaba carteles en todas las puertas de los bares cósmicos con la siguiente leyenda “Prohibida la entrada a Plutonianos, nos reservamos el derecho de admisión”. Como a los negros en alguna época por estos lados, le dije. No me escucho a causa de los poderosos villancicos y desapareció molesta por el ruido, al mismo tiempo que los millones de niños y sus horribles villancicos.
A lo mejor la molestaban a ella pensé después, aunque igual seguía enojado por haberme perdido tan interesante conversación y a tan hermosa mujer.
Prendí mi radio y subí al máximo el disco que en ella había “ get behind me satan “ de los white stripes. En la segunda canción el timbre de mi puerta acabo con mi hipnosis musical ( eso si que lo odiaba). Apague la voz de Jack White y a regañadientes abrí la puerta.Una señora demasiado vieja para estar viva, pero lo estaba, apareció en mi puerta, estiro su blanca y huesuda mano, y quiso entregarme un montón de folletos que no recibí.
Soy de no se que iglesia me dijo, y te vengo a salvar de la perdición, ¿has visto a Dios?. No quería visitas y estaba muy irritado por las interrupciones y cerré con un portazo que estoy seguro que transformo en polvo a la anciana. Al darme vuelta para volver a mi sillón, la misma anciana que había dejado afuera estaba cómodamente sentada en él ¿ has visto a Dios?. Volvió a preguntar, repentinamente en mi mano apareció un revolver, el irrefrenable deseo de presionar el gatillo y dejar libre de su prisión metalica a aquella bala asesina, para que violara el cráneo de la mujer, que había terminado por arruinarme el día solo había durado unos segundos, había desaparecido al igual que la anciana y por suerte también el revolver.
En realidad lo que me dijo la anciana me quedo dando vueltas en la cabeza, nunca había visto a Dios, nunca me lo había topado, es mas, nunca me había planteado su existencia. Quizás ni siquiera existía, pero esa noche no me lo pude sacar de la cabeza. Salí a caminar, no soportaba que me quedaran ideas dando vueltas en la cabeza, un poco de aire fresco es la mejor medicina, y quien sabe quizás me encuentre con Dios a la vuelta de la esquina comprando cigarros sueltos.

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