lunes

Un millon de abejorros.

Desperté en la mitad de un gran desierto,

no tenía brazos ni piernas,

el sol clavaba cuchillos en mi espalda,

crucificado en cruz de fuego,

pensé que iba a morir, tenia sed, mucha sed,

cerré los ojos, abrí la boca y saque la lengua.

De repente, miles de abejorros, venidos de no sé donde,

traían gotas de agua en sus patitas,

se posaban en mi lengua y depositaban el liquido.

Al poco rato comenzaron a crecerme las piernas,

y en vez de manos y brazos,

tuve alas de cóndor,

Los abejorros me salvaron la vida,

los invite a volar conmigo a la cima de la montaña más alta de Chile.

Allí vimos el atardecer,

el amanecer

y otra vez el atardecer.

Hombrelobo.

Ayer en la mañana descubrí en la puerta de mi casa, una pequeña cajita envuelta en un brillante papel negro, atada con un perfecto moño de seda rojo. Sin identificación ni remitente, solo con una breve y misteriosa tarjeta que decía: “Cuida lo que hay en su interior, como si fuera la clavícula de un Santo”
No la quise abrir de inmediato, no sabía con lo que me podía encontrar en su interior, no quería una responsabilidad mas en mi vida, cuídala como si fuera la clavícula de un santo, ¡tonterías!
Tal vez era una de esas rarísimas piedras que roncan en la mañanas de luna llena o quizás una de esas horribles figuritas de porcelana barata con forma de payaso.
No señor… no quería piedras roncadoras, ni mucho menos desagradables payasos de porcelana llorándome sus desgracias. Deposite la caja sin abrir, en una bóveda secreta que tengo escondida en ¿¿¿¿??????? (Lo siento, si les digo donde esta dejaría de ser una bóveda secreta).
Pasaron dos días, pero es como si hubieran pasado 347 años, hasta que la curiosidad volvió a mi cerebro después de un largo viaje por el universo. Fui directamente hacia mi ultra, pero ultra súper híper secreta bóveda secreta. Digite la clave “almejas, costra, isla de pascua “(da lo mismo que sepan la clave, no saben la ubicación) la puerta de acero solido se abrió ante mis ojos, y ahí estaba, el misterioso paquete junto a otros de mis preciados tesoros: Una linterna con poca pila, un jarabe para la tos y unas finísimas copas hechas con gritos de orgasmos solidificados.
Tome la caja, rompí el brillante papel y corte el perfecto moño de seda rojo (no me gusta la gente que abre con tanto cuidado los regalos). La caja desnuda era como las demás, de cartón y de color café claro. Al abrirla me lleve una extraña, pero grata sorpresa. En su interior había una hermosa peineta hecha de oro puro con una inscripción en ella “Solo usar en el interior del ojo de un huracán”. La peineta era hermosa, pero se me hacia un poco difícil, imaginar peinar mis rubios y largos cabellos dentro del ojo de algún huracán. Bueno, pensé, ya tendré oportunidad de probarla, guarde la peineta en una cajita de vidrio azul que cabía en mi bolsillo y volví a mi trabajo.
Al llegar a mi taller en donde restauro burbujas y termómetros antiguos, me encontré en su interior con un estrafalario hombrelobo enfundado en un magnifico abrigo de piel de humano y con unas grandes gafas de sol, estaba sentado en un rojo sillón que me había traído desde China (es otra historia).
¿Te gusto mi regalo?, me pregunto.
¡Fuiste tú! , bendita criatura, muchas gracias, la peineta es muy bonita, le respondí y bese sus manos, o mejor dicho sus patas.
Necesito que hagas algo por mí, dijo el hombrelobo sin moverse del sillón rojo.
Está bien, le conteste sin pensar.
Mi ciclo de hombre lobo esta por acabar, este es mi ultimo día como animal, mañana despertara el verdadero mounstro, no quiero ser hombre, te imploro que me mates, ya hice todo lo que quería hacer en la vida, no soportaria volver a ser humano.
Me entrego una antigua pistola con dos balas, una de bronce para su corazón de hombre y otra de plata para su corazón de lobo. Para que uno muera, también tiene que morir el otro, me dijo.
Antes de jalar del gatillo, tenía que preguntarle ¿lobo, porque debo usar la peineta de oro solo en el ojo de un huracán?, no creo que sea posible peinarse con tanto viento.
Cuándo por fin hagas lo que creas imposible, vas a empezar recién, a vivir tu verdadera vida, después que el hombrelobo dijo esas palabras, dispare dos veces, una en el corazón de un majestuoso lobo con un abrigo de piel de hombre, y la otra, en el medio del corazón de un pequeño hombre con un abrigo de piel de lobo.
Llore por lobo, y volví de inmediato a la restauración de una gran burbuja que se había dañado, al caerse del balcón de una mujer llamada Julieta.
Fin.
Nota: Uso la peineta de oro todas las mañanas.
Con tantas vueltas dentro de los huracanes, mi cerebro olvido donde estaba mi bóveda secreta, estoy construyendo otra.